El Torneo del Toro de la Vega se celebra cada año, el segundo martes de septiembre, en la localidad española de Tordesillas (Valladolid), consistente en la más cruel y despiadada persecución, a pie y a caballo, de un toro de lidia. El indefenso animal, trasladado hasta campo abierto, es perseguido y acosado por cientos de personas armadas con lanzas de tres metros, con las que lo hieren hasta la muerte. El pasado año su tortura duró más de 30 minutos, al final de los cuales se le cortó el rabo - trofeo que paseó en su lanza el ganador del torneo - mientras aún permanecía vivo y se le apuntilló, en repetidas ocasiones, con un destornillador prolongando el dolor, el sufrimiento y la agonía del animal. El apuntillado, que está prohibido como método de sacrificio en mataderos por su extrema crueldad, consiste en seccionar con un puñal la parte trasera del encéfalo (el bulbo raquídeo) donde se encuentran los centros neurológicos de la respiración y el pulso, por lo que el animal muere por parada cardiorrespiratoria tras una angustiosa agonía. Ésta es una de las tradiciones más aberrantes que se comete en el estado y en donde incumplen sin ninguna consecuencia la normativa que deben seguir los participantes del Torneo citando como ejemplo: “toro y torneante, deberán estar en igualdad de condiciones, el toro con sus defensas naturales, y el torneante, bien a pie o a caballo, provisto únicamente de una lanza”. Aquí podemos observar que en ningún caso ambos están en igualdad de condiciones y que el torneante no es uno, si no miles.
Por ello, Tordesillas se ha convertido en el símbolo de la repulsa hacia el maltrato animal.
Una sociedad con inquietudes éticas no puede seguir permitiendo prácticas que conllevan la tortura pública de animales inocentes. Todos los mamíferos, entre los que se encuentran los bóvidos, son seres SINTIENTES (como ya reconoció el Tratado Europeo de Ámsterdam en 1997): poseen un sistema nervioso central que los capacita para sentir emociones, estrés, dolor, miedo y sufrimiento de la misma manera que el ser humano. Además, tal y como han demostrado ya los más prestigiosos neurocientíficos, están dotados de plena CONSCIENCIA (Francis Crick Memorial Conference 2012, Cambridge University). Por tanto, infligir daño a un animal por diversión es un hecho que jamás puede tener cabida en una sociedad civilizada.
** DATOS CEDIDOS POR AVAT (Asociación de Veterinarios Abolicionistas de la Tauromaquia)